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Próxima entrada "Especial La Riviera Maya

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martes, 9 de diciembre de 2014

Parque Artístico del Capricho

El Capricho si bien es también declarado Parque Histórico, como la Quinta de los Molinos, su funcionamiento es distinto, sólo podremos acceder a él los días de fiesta      y fines de semana y no podemos llevar consigo pelotas, comida ni bicicletas.

Su dueña original fue la Duquesa de Osuna, Grande de España e importante mecenas de artistas de aquella  época.

Como curiosidad comentar que tardo 52 años en construirse este jardín, que realmente es todo un  capricho.

Fue durante la República cuando se declaro Jardín histórico, pero hasta 1943 no fue declarado Jardín Artístico, aunque estuvo dejado de cuidados hasta que en el año 1974 fue comprado por el ayuntamiento.


El parque tiene una extensión de 14 hectáreas, y recuerda a un jardín romántico de los que podríamos encontrar en aquella época en Francia, Italia o Inglaterra.

Durante la guerra civil se construyeron bunquers que se encuentran cerrados y de los que podemos ver los restos de los respiraderos de dichos refugios.

Son cinco los estanques que mando construir la Duquesa, interconectados con un canal principal, como si fuera un pequeño río. Parte del Salón de Baile, el edificio que construyo para organizar sus fiestas, en su fachada hay un gran jabalí del que fluye agua como si fuera una fuente.

La flor favorita de la duquesa era la Lila y justo detrás del salón del baile hay un lindo jardín donde disfrutar de ellas. Al igual que a la entrada del Parque junto a la casa de la vieja, un pequeño huerto donde podemos admirar unas tremendas calabazas.

Discurre el canal hasta el lago de los cisnes, donde conviven ánades, cisnes blancos y negros, palomas, gansos que termina en el embarcadero, si, embarcadero, porque por este canal iban en barcas desde el salón del baile. 



¡Increíble!, pero cierto.  La decoración del embarcadero es curiosa y bonita. Y sobre él un romántico puente de hierro que actualmente tiene prohibido el acceso al público. 

Una arboleda inmensa, parece estar paseando por un poblado bosque en el que puedes encontrar todo tipo de árboles, plantas y flores: Madroños, Robles, Castaños. Hasta llegar a una hondonada donde las hojas de las grandes hayas cubren los caminos y  el cuidado verde del césped, nos deslumbra con su reflejo, frente al fortín, tras el cual se sitúan las ruinas de la casa de los oficios. Justo encima de la puerta principal clausurada con una cancela de hierro, podemos ver el escudo de la familia de la Duquesa.

Entre los arboles casi escondidas un puente y un pequeño lago franqueado por estatuas de romanos, cuya pequeña senda nos lleva a toparnos con la ermita totalmente rehabilitada, en un paraje de sorprendente belleza y silencio. Solo los trinos de los  pájaros nos despiertan y nos convencen de que no nos hemos trasladado en el tiempo por ejemplo a los jardines de María Antonieta en las afueras de París,  por ejemplo.



Volviendo al camino principal, nos encontramos con el palacete al fondo, de porte totalmente francés, con su escalinata de hierro en forma de caracol a ambos lados de las entradas. Numerosas fuentes nos anuncian en el camino la llegada al palacio.

A su derecha una zona protegida, que aún no se ha abierto al público, donde fuentes, castaños y un gigante, perfecto laberinto se mantiene escondido, a cubierto de nuestras pisadas, tal vez, destructivas.

Y por supuesto a su izquierda no podían faltar más estanques en donde las carpas naranjas y las truchas de grandes dimensiones disfrutan de un frío y tranquilo baño.Una nueva construcción escondida entre la vegetación, el pabellón de Esteras…

Junto al camino principal  antes de llegar al palacete es  imposible no fijarse en un pequeño montículo en cuya cima esta el templo de Baco, un lindo espacio desde donde puedes contemplar un bello paisaje.

Puedes internarte entre los senderos de tierra pocos transitados y sentir la soledad y la magia del lugar, y puedes mezclarte con el resto de los mortales por los caminos principales, pero sobre todo puedes disfrutar de un lugar lleno de magia, de arte, de naturaleza y embriagarte de su silencio en las horas tempranas de la mañana, a las nueve que es cuando abre sus puertas.

En cualquier estación es impresionante, en invierno por sus tranquilos paseos, en primavera la belleza de sus flores y el color verde brillante de sus hojas, mientras las crías de los pajarillos te deleitan, pero sin duda el otoño baña de una mezcla de colores increíbles este parque, convirtiéndolo todavía más en un destino único en pleno corazón de la ciudad.


María José Luque Fernández.
Fotos de María José Luque Fernández.